Guerra y emociones

La guerra. Las primeras imágenes que me llegan de ese fatídico jueves son ya por la tarde. El presidente ucraniano hablando en la tele, alguna entrevista, imágenes de las calles de Kiev. Todo me evoca tristeza, mucha tristeza. ¿Vamos a dejar a nuestros hijos, una guerra, una postguerra? Después me apareció la ira, la ira: ganas de matar a su responsable y colaboradores.

Mas tarde ha aparecido el sentimiento de impotencia absoluta. En el desván de mi mente y de mi vida, se mueven las sombras de mis ancestros que protagonizaron el golpe de Franco y la Guerra Civil. Tiemblo al imaginar las tragedias que están reviviendo nuestros hermanos ucranianos. En sus desvanes están las muertes masivas por hambruna de los años treinta, seguidas de la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Los profesionales de salud mental vamos despertando el conocimiento de trauma que genera, a través de las generaciones, las muertes en las guerras. Heridas emocionales que marcan en silencio las vidas que están por venir.

¿Qué estamos dejando a nuestros hijos? ¿una guerra? No, no lo imaginaba. Yo creía que las palabras guerra mundial no iban a ser seguidas de mas palitos de los dos que ya tenían. Ya no estoy tan seguro. ¿Cómo está evolucionando nuestra visión del mundo? Eso es algo muy importante pues esta visión predetermina en parte el futuro. Estamos saliendo de una pandemia que nos está haciendo vivir la enorme vulnerabilidad humana. Hemos vivido el miedo muchas veces de forma mas o menos inconsciente, inventándonos negaciones, conspiraciones y culpables, mas controlables que un cornudo virus. Hemos vivido una primera ola emocional de solidaridad. Hemos vivido una segunda ola de profundos enfrentamientos sociopolíticos. En lo que me atrevo a considerar como un estado de meseta emocional colectiva aparece este mazazo de la guerra.

Los que trabajamos con grupos sabemos que el desarrollo de la confianza es un elemento fundamental para que se de el apoyo mutuo y la cohesión grupal que nos hace crecer y ser mas felices. La guerra que creíamos desterrada ya de Europa nos da un mazazo a la confianza en la solidaridad y la cooperación humana. La cuestión es sencilla: ¿puedo acercarme a otro humano sin conocerlo suficientemente, esperando un abrazo? o ¿tengo que enseñarle primero mi navaja para disuadirle de que me diera un puñetazo en vez de un abrazo? Es terrible pensar que esa posible amistad depende del pequeño riesgo que pueda asumir en el encuentro. Mi actitud previa va a decidir en gran medida la relación futura.

La cuestión es sencilla y compleja a la vez. ¿Estamos sembrando en el mundo semillas de confianza mutua o de desconfianza y amenaza? Los acontecimientos que estamos viviendo en el mundo ¿nos dejan sitio para la confianza y la solidaridad colectiva? Estos acontecimientos sobre la vida y la muerte son suficientemente intensos como para no poder manejarlos con una simple reflexión racional. He aprendido que respecto a las emociones es mucho mejor ser muy consciente de ellas, vivir el miedo y la inseguridad, por ejemplo, que buscarnos lideres populistas negadores y salvadores que nos pongan sencilla la salida, o nos den explicaciones y soluciones simplistas del problema.

Yo tengo mi respuesta. En lo emocional estoy triste, impotente y acepto la incertidumbre y no voy a comprar ninguna solución de saldo. Me valió cuando era joven el decir que era pacifista y estaba en contra de la guerra. Hoy veo la complejidad.

En lo colectivo tengo la canción de Labordeta: "La historia no se puede parar" que sentenció el destino del golpe fascista de Franco. La historia solo se paró un momento. Aquí estamos hoy con democracia. Putin: el miedo nunca conquistó voluntades, aunque callara bocas. Con esas armas, estás vencido.

Hoy me he despertado escuchando sobre la solidaridad que se mueve hacia Ucrania. Eso te vencerá. Mi única pregunta es: cuantos muertos, cuantas heridas emocionales transgeneracionales, nos va a costar. Tal vez nuestra desconfianza, nuestro miedo, nuestra inseguridad sean tus aliados. El Covid, la lucha por la supervivencia pudiera haber aumentado la paranoia y socavado la solidaridad.

La educación y el autoconocimiento emocional constituyen las armas de largo alcance.

Goyo Armañanzas. Psiquiatra

Publicado por Diario de Navarra el 22/05/2022



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