La sociedad en el diván: botellón y kale borroka

Llevo unos días rumiando lo que pasa en algunas calles de Pamplona por las noches: botellón conenfrentamientos entre jóvenes y policía en la frontera de las medidas anticovid. Algo se me está escapando, algo que quiero entender mejor. Algo que me desgarra por dentro. Algo con la vida y la muerte como telón de fondo.

Una conducta prima de posiciones negacionistas que nos cuestan vidas al no vacunarse. Llevo meses o tal vez un año, tratando de entender el fenómeno emocional que palpita debajo. Nos jugamos las vidas de muchos en ello, la mía propia incluida.

Estoy viviendo un "dejá vi" en esas mismas calles, hace décadas. Era la kale borroka desafiando a la policía, en la frontera de dos identidades: la española y la vasca, de dos lecturas de la historia y de nuestra Guerra Civil.

Se parecen demasiado la kale borroka y los fenómenos nocturnos de Pamplona y otras ciudades contra las fuerzas del orden, como para no tratar de entender que late en común. Tenemos que hablar de sus protagonistas, la gente de la veintena y treintena, para entender algo más de lo que nos está pasando.

Los vemos alegres, libres, desafiantes, en sus botellones. Provocadores en la frontera. Los mismos que aman los deportes de riesgo, los mismos que en esa misma calle Estafeta inventaron el encierro pamplonés ante los cuernos que llevaban la muerte. Si llevamos dos años sin encierros sanfermineros, los estamos reinventando con las fuerzas del orden en la misma calle. Y si, seguimos dando capotazos a la muerte, valentonadas ante los cuernos del virus que traen la muerte...en diferido. A la generación de mayores, fundamentalmente.

El reverso de la moneda no se ve tan fácil. Los profesionales de la salud mental estamos asistiendo desde hace unos meses a un enorme aumento de la demanda de atención por parte de las personas de esta edad. Datos del Colegio de Psicólogos de Madrid hablan de un aumento del 250% en las consultas sobre suicidio en adolescentes.

Hay en todo esto, un diálogo intergeneracional. Los jóvenes siempre han necesitado autoafirmarse, provocar y definir su espacio. Tal vez en la raíz está su miedo a no tenerlo para sus vidas en construcción, y su necesidad de demostrarse que valen y pueden. Porque ellos no tienen el poder. Algunos autores consideran las guerras como filicidios. Las diseñan los mayores en el poder y mueren en ellas sus hijos y nietos. Los ejércitos los integran ellos.

Ahora me pregunto si en esas conductas juveniles no hay un cierto "gerontocidio" como forma máxima de provocación de la juventud que siempre ha querido hacerse sitio y ha protestado contra el mundo caduco y por cambiar. Tal vez el virus les ha puesto en las manos un arma diabólica para hacerse el sitio que reclaman, que necesitan y que merecen. Las armas las carga el diablo.

Mi escena temida ha sido transmitir el virus a los más mayores de mi familia. Eso me llenaría de culpa. Pero ¿cómo se elabora socialmente el que la conducta no responsable de una generación impacte en la vida de otra? Así ha sido en sentido descendente: los pecados de los padres los pagan los hijos. Esta vez es a la inversa.

Hacer conscientes algunas cosas nos ayuda a ver sus profundos significados y, tal vez, a manejarlos un poco mejor.

Pero ¿sirve para lo colectivo y social, lo que funciona en terapia? Escuché al psicoanalista Otto Kernberg en Amsterdan en 1989, a propósito de su conferencia "Paranoiagénesis en las organizaciones. Dijo: "sabemos de las dinámicas colectivas, pero no sabemos de cómo resolverlas". Ha llovido mucho y ya estamos hablando de las conspiranoias y tratamos de entenderlas y entendernos en ellas.

La sociedad es cada vez más introspectiva tanto individual como colectivamente. La pandemia nos ha dado el tortazo a nuestra fantasía de que somos independientes y autosuficientes. Nos ha desnudado como frágiles, fuertemente dependientes biológica y emocionalmente. Tratemos de entender las dinámicas emocionales colectivas pues en ello nos va la vida y la supervivencia.

¿Se puede entender todo esto a los veinte años, escapando de la dependencia familiar, con tanto valor como miedo?

Adolescencia y el covid

Goyo Armañanzas. Psiquiatra

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