Los mensajes del cuerpo en terapia

Los mensajes del cuerpo en terapia

El mundo emocional es un mundo laberíntico. Tener conciencia de nuestras emociones no es algo que nos venga "de fábrica". Existen enormes diferencias entre las personas en cuanto a su capacidad o hábito de ser autoconscientes de sus sentimientos. En la misma línea existen grandes diferencias en cuanto a la actividad de autorreflexión acerca de nuestra propia vida, su evolución, los problemas emocionales y los desafíos y crisis, como los enfrentamos y superamos.

Si, las habilidades son diferentes y los niveles de autoconocimiento a los que llegan son diversos. Todos hemos nacido con multitud de recursos, así como con miedos y barreras, figuras amenazantes, impactos que nos dolieron mucho de pequeños y no queremos reavivar. Somos una consecuencia compleja de todo eso. Como nos amamantaron, como calmaron nuestro llanto o no, cuan empáticos fueron con nosotros, dejó ya unos carriles para el viaje de nuestras vidas y es casi heroico modificarlos. Cada día acompaño a esos héroes en su camino, de la misma forma que me acompaño a mí.

Aquí aparece nuestro cuerpo. Si nuestro mundo emocional es laberíntico, nuestro cuerpo no. Podremos negar nuestra tristeza, pero sentiremos cansancio corporal o dolor de cabeza, podremos negar nuestra rabia, pero tal vez desarrollemos una hipertensión, podremos vivir una profunda carencia de amor, pero tal vez desarrollemos un asma, o una opresión en el pecho en vez de sentirnos atrapados y sin espacio para expresar lo que somos y sentimos, etc.

Por un lado, tenemos las enfermedades físicas con lesión del órgano que tienen raíces psicosomáticas, emocionales, por el otro tenemos las sensaciones corporales sin lesión orgánica. Dos terrenos diferentes. Me dedicaré a estos últimos.

En la raíz de este interés está mi experiencia como psicoterapeuta. Gracias al psicodrama evolucioné de una terapia más en lo verbal, donde el cuerpo no se tenía en cuenta, a tener el cuerpo como un aliado nuestro (del paciente y mío como terapeuta). Corrijo y cambio por “los cuerpos”. Tanto las sensaciones corporales que tiene el paciente, como las mías propias como terapeuta, han pasado a ser unos indicadores fundamentales. Todo empezó cuando tras mi formación en psicodrama, empecé a levantarme de la silla e invitar al paciente a hacer lo mismo. De esta forma representamos en acción, escenas, momentos traumáticos, encuentros que queremos tener, cosas que necesitamos decir y no hemos podido, etc... También representamos sensaciones corporales y sentimientos. Mi atención en terapia individual y de grupo pasó a incluir el cuerpo. Voy más allá de la lectura del lenguaje corporal que ya tenía incorporada. Eso requería preguntar. Son aspectos que no comunican espontáneamente si no se les pregunta: “¿cómo están tus sensaciones corporales en este momento?”

A diferencia de nuestra autoexploración emocional en la que nos podemos engañar, imaginándonos tristes cuando estamos enfadados, el cuerpo no engaña. El cuerpo transmite sensaciones que frecuentemente expresan sentimientos, sin ningún engaño. Tal vez por eso hemos necesitado en nuestro mundo occidental hacer una separación entre cuerpo y alma. Somos una unidad, somos un cuerpo que vive emociones que muchas veces nos negamos con nuestros pensamientos. El cuerpo no engaña.

Actualmente me parece indispensable en toda profesión de ayuda (terapia, counselling, coaching, apoyo, asesoramiento emocional, etc.) el incluir los elementos corporales para la comprensión de lo que le está pasando a la persona o personas que tenemos enfrente. Pero no solo para la comprensión. También para la activación de los recursos personales y la comunicación. Desde la pandemia pasé de mi despacho a un salón más grande. Eso me ha permitido incluir la posibilidad de pasear con mis pacientes, incorporando la comunicación corporal de todo nuestro ser. A veces pienso que, sentados estamos un poco presos. Hace muchos años que desterré la mesa en medio en la entrevista individual que esconde más de la mitad de nuestro cuerpo.

Dentro de las sensaciones corporales podemos establecer dos apartados. Uno corresponde a las personas que tiene una fuerte sensación corporal más o menos continua, incómoda, que les da miedo, que les limita incluso, de alguna forma. Añadido a esto, pueden tener una carencia total de conciencia de vivir una cuestión emocional. En este caso acuden a diferentes especialistas en busca de la enfermedad física que se oculta. Todas las exploraciones han dado negativo. Pero eso no suele ser suficiente y siguen buscando. Parece que necesitaran un buen diagnóstico físico para quedarse tranquilos. Parece que muy inconscientemente prefirieran que fuera algo físico. Niegan cualquier problema emocional. Cosa que todo el mundo los tiene de alguna manera, pues la vida nos plantea múltiples problemas, desafíos, cambios de etapa, pérdidas, etc. Se resisten a una exploración de sus emociones.

Evidentemente siempre hay enfermedades físicas que pasan sin diagnosticar.

En el otro lado tenemos las múltiples sensaciones corporales que tenemos más o menos continuamente. No solo molestas, también agradables. Frecuentemente un paciente puede acabar la sesión con una sensación de relajación. Estas sensaciones son un recurso muy importante en terapia. Nos ayuda a ver más directamente lo que está pasando en la sesión o lo que está viviendo la persona.

Pueden coincidir las dos posiciones: sensaciones corporales que hacen buscar una enfermedad física unidas a una conciencia de tener problemas personales que queremos trabajar en psicoterapia.

Supongo que esa autonomía del cuerpo al expresarse, más allá de lo que pensemos sobre nosotros mismos, fuera de nuestro control, es una auténtica revolución. No por nada no fue hasta el siglo veinte en que se acuñó el término de inconsciente. Este salto ha aceptar que no tenemos todo el conocimiento y control de nosotros mismos fue y es una revolución que se produce cada día dentro de nosotros y que no acaba de ganar la batalla. Como ejemplo, una sensación que todos conocemos, la sensación de cansancio, de falta de fuerza. Frecuentemente se utiliza el término corporal “cansancio” para expresar sin hacerlo del todo, la tristeza o el desánimo. Muchas veces no es fácil, por una parte, reconocer ese tipo de sentimiento ante uno mismo y, por otra, comunicarlo a los demás. Tengo la convicción de que cuando se habla de cansancio con una determinada expresión corporal, los demás entienden que se está hablando de tristeza, o de tristeza unida a un cansancio físico. Como terapeuta, me parece adecuado identificar los sentimientos por su nombre. Por ello cuando se habla de cansancio, suelo preguntar si hay tristeza. La respuesta suele ser “sí”.

Sabido que tenemos una ventanita a ese mundo inconsciente, como es la de los sueños, no lo tenemos todo conquistado. Por un lado, son directas, no mienten, pero por otro, vienen un poco encriptadas. Algunas harán a los pacientes más conscientes de sus sentimientos inmediatamente y otras quedarán por descifrar.

Mi trabajo como psicoterapeuta y psicodramatista consiste en no perderme por el laberinto de los pensamientos ayudado por el “hilo de Ariadna” que es el cuerpo.

Voy a tratar de abordar las diferentes sensaciones en diferentes partes del cuerpo y su posible significado emocional. Una tarea imposible en cierto modo, pues cada persona lo vive de una manera. Además, cada cultura da un significado diferente a las diferentes partes del cuerpo.

Trataré de recordar diferentes sensaciones corporales que me han relatado las personas que han acudido a mi consulta, la mías propias y todo lo que he aprendido sobre ello.

“Lo que no se sospecha no se encuentra”. Esta máxima médica nos invita a preguntar por las sensaciones corporales. Si no sospechamos que el cuerpo nos está dando mensajes, no lo preguntaremos y casi nunca nos los dirán.

Esto vale para nuestro propio cuerpo también. Este nos da señales acerca de cómo nos sentimos con nuestro paciente, o en nuestro grupo. No siempre es fácil aceptar el cómo nos sentimos en nuestro trabajo con personas, aceptar el enfado, la tristeza, el tedio, etc. El tedio, el aburrimiento, es para mí y debe de ser una señal de alarma. No trabajo bien aburrido y doy por hecho que mi cliente lo nota, consciente o inconscientemente. Incluso tal vez él prefiera eso al vértigo de abordar el tema de fondo. Se hace necesaria una paciencia comprensiva para con la lucha que tiene nuestro paciente contra la manera de ser y funcionar que siempre adoptó. La paciencia me resulta sospechosa, prefiero llamarla empatía teniendo en cuenta mis propias luchas internas. Si entro en aburrimiento algo estoy haciendo mal.

Voy a intentar una cierta clasificación de las sensaciones que las personas traen a la consulta y de los significados que pueden tener. Una tarea imposible pero que nos dará una idea acerca de por dónde van las cosas en este tema. Al final, cada persona tiene su propia manera de sentir el cuerpo y de simbolizar en él sus problemas.

Cabeza

A pesar de lo frecuente de las cefaleas y de su componente emocional, es infrecuente que un paciente responda con ese síntoma a mi pregunta acerca de sus sensaciones corporales.

Una joven que se resistía a entrar en el duelo por la pérdida de ambos progenitores hablaba de una sensación de confusión, de no poder centrar su pensamiento. Yo lo leí como un no poder centrarse en algo muy doloroso y que ambos sabíamos le costaba. Casi simultáneamente sentía en el pecho una tensión, una especie de goma tensa que quisiera explotar, soltar. Esto nos acercó a su rabia contenida.

Cuello-Garganta

Una expresión frecuente en el cuello y más precisamente en la garganta es la del bolo o nudo. La palabra bolo es muy frecuente también en el abdomen.

Frecuentemente esa sensación suele relacionarse con un llanto contenido. En otras ocasiones es una rabia que no se puede sacar (no se permite gritar) La metáfora es clara: hay algo que quiere salir y resulta muy difícil.

En otras ocasiones se relaciona con una sensación de que no pueden aspirar todo el aire que necesitan. En otras se acompaña de la imagen de unas manos que le oprimen. Podemos, en este y otros casos, trabajar con esas manos, pedir mas concreción, como se quiere relacionar con ellas, etc.

Puede ser la sensación de nudo en el cuello, de algo que llega por la garganta y se detiene en el cuello, la sensación que pulsa en la garganta arriba y abajo, describen, casi literalmente, la lucha de un sentimiento intenso por salir y la resistencia a que eso ocurra. A veces es la lucha entre tomar conciencia de algo y no querer hacerlo. Los sentimientos ambivalentes ante las figurar parentales, suelen estar detrás en algunas ocasiones. Es muy complejo y requiere un proceso terapéutico el permitirse la rabia hacia esas figuras que hicieron daño además del amor y el agradecimiento que se siente.

En otras ocasiones nos acercamos a la sensación de un vómito contenido.

Hombros

En una ocasión trabajé con una persona que tenía un dolor en el hombro derecho desde hacía años. Ninguna exploración había obtenido una razón física para ello. Llegué a la conclusión de que su rabia contenida le producía ese dolor. Había tenido un ambiente familiar muy restrictivo. La persona aceptó a medias esa posibilidad. Enfocamos el trabajo hacia ese sentimiento.

Un hombre de mediana edad se estaba planteando en la sesión el descuido de sus propias necesidades para dedicarse a resolver las de los de su alrededor. Se estaba acercando en la sesión a como había hecho algo para resolver los problemas que tenía su madre, que a su vez no se atrevía a confrontar a su padre. Le pregunté acerca de cómo sentía su cuerpo en ese momento de la sesión. Me respondió que sentía un fuerte peso en los hombros. Ambos sentimos la profunda realidad de que estaba cargando sobre sus hombros lo que no debía. Esta vivencia en el cuerpo le ayudaría a barrer todas las dudas y resistencias que nos aparecen cuando abordamos ideas que nos son difíciles de aceptar. Es el caso de este hombre que cuestiona a una figura querida e importante como su madre.

Brazos

Una mujer ya en los sesenta había perdido a su padre siendo joven. Era la menor de cuatro hermanos. Tenía una sensación de opresión en torno al ombligo. Había visitado médicos y hecho varias exploraciones. Seguía pendiente de más exploraciones, no obstante, tras mucho tiempo de dudas, acudió a psicoterapia. Su profesión, psicopedagogía, le había llevado a trabajar en el mundo de la psicología durante mucho tiempo. Tal vez eso le ayudó a dar el salto a la psicoterapia. El bolo periumbilical, a veces subía al pecho y se ponía en la garganta como algo pendiente de ser vomitado. Trabajamos con esa imagen. Comenté el que fuera cercano al ombligo con una vinculación muy intensa con su madre a la que parecía estar aludiendo discretamente. Consideré esto como un tema a seguir explorando con la persona cuando estuviera para ello.

He visto la sensación de tensión en antebrazos en algunas ocasiones. Particularmente en hombres, como expresión de una rabia inconsciente.

Pecho

Es frecuente escuchar expresiones de no poder inspirar suficiente aire. A veces se relaciona con un no sentirse con derecho al aire que se respira.

Un hombre en los cincuenta empezó a tener una sensación de opresión en el pecho a raíz de la muerte de su madre, ya mayor. Aunque por una parte sentía que le aliviaba compartir todas las preocupaciones de la vida en la consulta, no lo relacionaba con la sensación en el pecho. Todas las exploraciones orgánicas habían descartado elementos físicos. La sensación del pecho bajaba y subía a lo largo de la consulta, probablemente relacionado con el grado de proximidad que se permitía acerca de su sufrimiento emocional. Comentaba que el había sido siempre más de su madre y que se sorprendía al constatar que no había llorado apenas tras su muerte, considerándose alguien de lágrima fácil.

Espalda

Algunas veces se siente un peso en espalda y nuca. Puede ser acompañada de una posición caída de la cabeza. Puede estar expresando diferentes situaciones emocionales o de sobrecarga. En algunas ocasiones se relaciona con el peso de tratar de que alguna persona cercana no se sienta mal, de sacarle de sus sufrimientos. Puede corresponder al rol de “salvador” (triángulo de Karpman)

Cuando se resuelve con una expresión de enfado y/o toma de distancia de alguien que depende mucho y a quien se lleva como una carga, se suele producir una sensación de ligereza en la espalda y en todo el cuerpo. Puede ser el caso del paciente que lleva el peso de la felicidad de la pareja, de la madre, etc.

Abdomen

El abdomen se señala frecuentemente con lugar en el que aparecen sensaciones intensas que expresan emociones.

Frecuentemente es en la llamada “boca del estómago”, zona situada bajo el esternón y entre las costillas.

Un paciente de mediana edad se quejaba de la falta de dedicación personal de sus padres hacia él, mas allá de proveer sus necesidades económicas. Evolucionó a una intensa rabia hacia la madre por soportar resignada un descuido paterno importante, sin rebelarse. Coincidió con una sensación de opresión en el pecho. Cuando logró pasar de la rabia al dolor y llorar, la sensación en el pecho se disolvió. El explorar esto paseando por el despacho, pudo ser un facilitador. Momentos antes habíamos trabajado en acción un sueño recurrente: un rodillo enorme le aplastaba sin que él, una figura insignificante, se pudiera apartar. Esto último tiene una relación con lo anteriormente relatado.

En otras ocasiones es una sensación o presión en un área claramente abdominal.

Ano

Me referiré a esta zona en relación con las heces y el “cagar”. Utilizaré este término por ser el que utilizo en consulta y por desdramatizar el tema. Por otra parte, no es indiferente la palabra que utilizamos para expresar esta y otras muchas cuestiones cargadas de emoción. Si utilizamos el término “pene” no evoca ni en nosotros la misma emoción que si utilizamos la palabra “rabo” o “polla”. Trabajando con personas de otras culturas he tenido que aprender las palabras que en cada cultura expresan la intensidad emocional que tiene en el lenguaje de la calle. En México puede ser la palabra “verga”. Ha sido culturalmente frecuente excluir una palabra que denomine a los genitales femeninos, llamándolos “culo” esperando que se sobreentienda que se refiere a lo que en la calle es “coño”, por ejemplo. Lo mismo ocurre con las heces Este es un tema que se explora poco por parte de los terapeutas. Cercana a los temas sexuales parece constituir cierto tabú compartido. No preguntamos a nuestros pacientes acerca de sus hábitos intestinales.

Un paciente con el que he trabajado recientemente me ha hecho caer en la cuenta de estos aspectos. Comencé descubriendo que el cagar, su placer, eran importantes. Intuí que teníamos que hablar de ello. Tardó algunas semanas en compartir que tenía incontinencia de vez en cuando. Tardó alguna semana más en decirme que llevaba tres años así. Ha hablado del placer de ver sus enormes chorizos. El simbolismo de esa conducta da para varias lecturas. Ha sido una persona muy dependiente y ninguneada por su familia. Una “buena cagada” como hemos hablado puede ser una de las escasas ocasiones que ha tenido de afirmarse y de sentirse potente. Estamos explorando los posibles elementos agresivos ocultos que puede reflejar esta conducta. La conocida frese “me cago en…” expresa esta función.

Genitales

Son poco mencionados como sujetos de diferentes sensaciones. Considero que está relacionado con el tabú que rodea esas zonas. Podemos incluir aquí el pecho femenino. Considero que mas que estar ausentes esas sensaciones, se reprime su concienciación y expresión.

Piernas

En mi experiencia suele ser infrecuente la alusión a sensaciones en las piernas.

Nuestra respuesta como terapeutas

La primera sensación que tenemos ante esos mensajes es la de impotencia. No entendemos ni sabemos que decir, como ayudar.

Yo, ayudado por lo que me ha enseñado el psicodrama, pregunto y sigo explorando:

- ¿Cómo es la sensación?
- ¿A qué se parece?
- ¿Si esa sensación fuera un animal, una sustancia, un material, un país, etc, que sería?
- ¿Qué color tiene? ¿Qué textura tiene? ¿Es ligero, pesado? Etc.

Con esas preguntas vamos ayudando al paciente a explicitar lo que siente o a construirlo en su imaginación, si no lo tenía concretizado. Eso puede suponer un esfuerzo por parte del paciente en concretizar.

Avanzando algo más en el uso de técnicas de psicodrama, puedo pedir que saque la sensación fuera de sí y la vea en algún lugar de la sala. A continuación, le pido que pase a ese lugar para ser la sensación misma, que adopte la posición corporal que representa esa sensación. Incluso (esto suele costar algo más) que emita el sonido que entiende que tiene esa sensación. De ahí le puedo pedir que diga algo a la persona.

Se puede, entonces, entablar un diálogo entre la persona y su sensación. Es una técnica que utiliza los recursos del psicodrama bipersonal. La persona cambia de lugar para hablar desde si misma o desde su sensación.

Puede ser interesante preguntar al final de la consulta acerca de las sensaciones corporales en ese momento. Frecuentemente hablan de alivio y bienestar corporal.

Nunca dejo de sorprenderme acerca de la claridad que obtenemos, tanto pacientes como terapeutas, acerca de lo que las sensaciones corporales están expresando.

Goyo Armañanzas. Psiquiatra



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