• Goyo Armañanzas

EL VIAJE QUE HAREMOS

Todo discurría tranquilo, como siempre. Me levanté por la mañana, tomaba mi azada y me fui a mi tarea: cuidar la huerta de Baltasar. Invierno, ya no había que regar. La rutina de arrancar las viejas plantas de tomate, arrancar malas hierbas, ojear las berzas, los cardos. Ojo a los cardos navideños que mi rey los quiere muy blancos.


Echaba en falta el riego, la alegría del agua llenando los ríos, podía escuchar el suave murmullo de la tierra cuando la chupa. Las burbujas reventando aquí y allá. La legua espumosa que se quiere comer todo mi campo y derribar los caballones. Aguantarán, aunque alguno haya sufrido un pequeño derrumbe.


- ¡Eh, siervo de Baltasar!, ¡no me llega en agua! ¿Tenes para mucho?


- ¡Ya voy! -. Me apresuré a bajar la chapa de la acequia. Levanté el brazo al trasgo que me devolvió en saludo.


Quieto un rato para no pisar.



¡Aterriza siervo de Baltasar!, abre los ojos. Estás soñando con el verano que se te escapó sin vivirlo. La tierra está seca y fría, le falta poco para helarse. Ha sido un mal año. No has recogido casi nada.


Todo discurría tranquilo, como siempre, monótono. Me puse a reforzar con cuerdas el abrigo de los cardos. Sin mucha gana.


- ¿Cómo va la faena? -Distinguí la gorra roja de Duende, bailando entre las hierbas del camino. Menos mal que lo hacía visible. No fuera que se agachara a cagar en cualquier recodo del camino y lo pisara con mis botazas de regar. No estábamos para perder más gente.



-Desganao estoy con este tiempo, este año y este cierzo.


-Razón tienes, Pide a los Reyes.


¡Ya estábamos con sus enrevesadas frasecitas misteriosas!


- ¿Qué quieres decir? -Inútil ya no estaba donde le acababa de ver.


Salí al camino, no se le veía por ningún lado. Tendría que masticas despacio sus palabritas hasta que estuvieran papilla, paladear detenidamente y tragar despacito…


¿Qué tontería me digo? ¡Lo tengo aquí! Cogí el último tomate arrugado y olvidado en la mata, y lo trituré en mi boca. Una ola ácida y algo dulce me arrastró. Cerrados los ojos, floté en rojos y naranjas. Aparecieron los ocres, violetas y amarillos cuando los jugos bajaban por mi garganchón. Necesitaba mucho más que garganta para esa avalancha.


Un “se va haciendo de noche”, me cortó otra vez.


Abrí los ojos: nada. ¡El Yinn que nos había robado el calor de todo el año, había pasado a mi lado! Miré a mi alrededor: todo era gris. El maldito genio, como todos los genios, invisible. Pero eso sí, me echaba la noche para animarme in poco más. Todo absolutamente gris oscuro. Perdí la esperanza de distinguir una sola brizna verde.


El trasgo, todos habían desaparecido. Nadie.


Seguí mi sendero antes de que se me perdiera en la negrura. Al fondo el pueblo con sus luces encendiéndose perezosamente. Frías muy frías. Busqué la luna para calentarme, no aparecía.



Algunas sombras en la calle que se alejaban rápidamente al sentirme. Imposible atrapar unos ojos que me miraran y me dijeran que existo. Nada.


Fui a que me cantara la fuente. Estaba quieta, muerta, congelada. Un reflejo de su cascada helada llegó a mis ojos. Me sorprendió el descubrir la belleza del frío.

Sí, había sido todo un año frío. Las cerezas nunca maduraron, los higos jamás se vieron, los melones en el campo se pudrieron. Con hambre, mucha hambre. Nada con que calentar nuestros cuerpos.


Seguí menguando mientras me acercaba al palacio. Tan frío, que el oro solo alcanzaba a brillar como plata. Me consolé con la belleza de lo frío que me había enseñado la fuente.

Las puertas se abrieron silenciosas al servidor del rey Baltasar, en aquella Noche de Reyes sin Reyes, ni cabalgata, ¡ni nada!



“Pide a Baltasar, pide a Baltasar”, musité. ¡Eso no me lo podía quitar ningún genio por poderoso que fuera!


Cerré los ojos porque dice la tradición no escrita de mi señor Baltasar que las islas más misteriosas solo se encuentran con los ojos cerrados. ¡Y pedí! Lo hice con humildad, gastada ya toda la rabia en el año que terminaba. Le dije así:


“Tú sabes lo que es mejor para mí y para todos, regálamelo, regálanoslo.


He sido bueno, ¡nada de carbón!”


Algo raro pasó: escuché repetida mi petición una y otra vez. En el primer eco, me pareció la voz de mi mamá, en la siguiente creí escuchar todo un coro de elfos, si eran elfos, luego enanos, amigos, hermanas, sobrinos, etc. Eran muchas gentes y muchos coros. Pero con un sorprendente detalle; solo cantaban la primera parte.

Todos omitían lo de “He sido bueno, ¡nada de carbón!”. No sabría decir si no les gustaba porque no había sido bueno o porque todavía rezumaba un rescoldo de rabia por el fatídico 2020 que habíamos pasado.


No, no abrí los ojos. Y así me debí dormir la Noche de Reyes.


Desperté sin saber bien si lo estaba. Seguí con los ojos cerrados rodeado y rodeando algo vivo, caliente, que palpitaba conmigo. Acariciando al acariciar. Sostenido para no caer,

sosteniendo para que no se cayera. Respirando con alguien que no podía tener más cerca. Perdida la noción de mi frontera corporal. Me preguntaba en que país estaba.


Si, Baltasar me conoce bien. Me ha regalado un abrazo para todo el año, para todos los años.


Se que viajaré a algún lugar si cierro los ojos cuando nos abracemos, pero no sé a dónde.


¿Lo sabes tú?


Goyo Armañanzas Ros

215 vistas0 comentarios

2º Edición: Sensibilización en Psicodrama y Procesos Grupales

Curso online: 30 de enero de 2021.

Formación para psicólogos y terapeutas en terapia de grupo y psicodrama. 

Psicoterapia individual y terapia de grupo.

GoGrupos​

PAMPLONA

(Terapia y Formación)

C/ Esquiroz 4, 1º B

31007 PAMPLONA (Navarra)

 

BARCELONA

(Formación)

Carrer de Roger de Llúria, 46, Piso 1 puerta 2, 08009 BARCELONA

T. 948 27 63 01

636 94 93 85

¡Resolvemos tus dudas!

Puedes hacer click en el icono de whatsapp y te respondemos enseguida.

  • Negro del icono de Instagram
  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon
  • LinkedIn - Círculo Negro
  • Black YouTube Icon