• Goyo Armañanzas

Escenarios emocionales ante la pandemia



“El mundo nos ha dado la vuelta”. Me he dicho y escuchado esta frase tantas veces, que ya me suena a un tópico.


¡Un tópico en unas semanas! Demasiado rápido para digerir un cambio así. Eso me lleva a tratar de entender las respuestas emocionales que estamos viviendo. Repentinamente, se nos han presentado y hemos imaginado, diversos escenarios para el lejano futuro de la humanidad.


Es importante tener cierta claridad acerca de las emociones que estamos viviendo. Si eso nunca es algo tan sencillo, en estos momentos convulsos, lo es menos. Siendo más conscientes de ellas, las manejaremos mejor. Y si las compartimos, eso es para nota. A eso aspiro compartiendo esto.

Veamos algunas:

Miedo.


La muerte está rifándose. Si sales a la calle, cualquiera te regala un par de boletos. A mí, en consideración de mi edad, me regalan más. Pero el miedo es un sentimiento que se camufla muy bien. El miedo pudo estar detrás de los que decían que esto era una gripe más. De los que salen, pelo en pecho, a la calle, diciéndose que son tonterías. De los que se sienten protegidos por el aura de su opción religiosa. El miedo da tanto miedo, que algunos prefieren negarlo.


¿Alguna prueba?: la necesidad del humor, que se está derrochando y disfrutando por todos los lados. Curiosamente, también ocurre en algunos funerales.


Mejor que seamos conscientes del miedo porque, como dice el refrán: “el miedo guarda la viña”. Solo aspiro a ser lo suficientemente valiente como para aceptar mi miedo. Por otro lado, el miedo le da su puntito de aventura a las cosas.


Miedo a que se nos muera alguien de nuestro círculo cercano. Si es así, si ha sido así, el escenario ha cambiado de un fenómeno colectivo, tal vez una aventura, a una tragedia personal. Entramos en el siguiente apartado.

Dolor, tristeza.

Lo siento al ver los féretros en las noticias. Me preocupa como terapeuta, las dificultades emocionales que va a generar el no hacer un duelo adecuado. Eso requiere ver al difunto, o su féretro, y hacer un ritual colectivo de despedida, un funeral. El no hacerlo, pudiera generar duelos prolongados o congelados.


Tal vez el reconocimiento del fallecido on-line, pudiera ser de ayuda. Un amigo ha hecho todo un documento con el vídeo del funeral, las palabras de personas allegadas, retazos de whatsapp, etc., y lo ha pasado a los que no han podido asistir. Aplausos pasa esa idea creativa que nos ayuda a despedir.

Culpa.


Temo los sentimientos de culpa (como un sentimiento, independiente de la responsabilidad real) que pueden llegar a sentir quienes se vean como transmisores del virus que acabó con la vida de un anciano ser querido.


Todos los sanitarios que han tenido que ver marchar a tanta gente, que han tenido que tomar decisiones. Todos los políticos y responsables que han tenido que tomar tal vez las decisiones más trascendentes de su vida: de lo acertado de ellas dependen muchas vidas.


Cuidémoslos y aceptemos todas nuestras limitaciones para acertar en momentos tan complejos.

Soledad.


Esa palabra se basta sola para explicar el sentimiento de abandono. Solo un acompañamiento: busquemos nuestra compañía interna, amemos al que vemos en el espejo.

Disfrute de lo excepcional.


Disfrute de lo excepcional, de no ir al cole, a trabajar. De estar en casa con tu familia, de cocinar “a la antigua” y regalarlo a los tuyos, de tener tiempo para ordenar el trastero, de… de dedicarlo a lo importante en la vida. Una buena excusa para parar un ritmo de vida trepidante.

Impotencia ante lo imprevisto.


Impotencia ante lo imprevisto, lo que nos supera, lo que nos pone en nuestro sitio como los frágiles seres que somos. A veces nos queremos escapar de ese sentimiento por medio de la rabia. Pero ese es otro capítulo.

Rabia.


Rabia porque los políticos y gestores no lo hicieron bien, porque no nos sacaron de esto, porque son limitados (nosotros no), porque aprovechan el desastre para seguir jugando a las “guerricas” políticas como si nada hubiera cambiado, porque cambia por completo el mapa político del país y del mundo y no favorece mi posición política, etc.

Inseguridad.


Se nos ha barrido en días, casi en horas, todos los hábitos, horarios y costumbres que nos daban seguridad y estabilidad. Sabíamos que hora era, por lo que estábamos haciendo. Actualmente no sabemos el día de la semana es, si es festivo o no, aunque lo sea, no lo es, porque no hacemos lo de un festivo, etc.

Puedes seguir tú, con los que estás viviendo.

Escenarios:

Como decía al principio, me encuentro con que los escenarios de futuro colectivo que imaginaba para décadas adelante, que veía en las películas ambientadas en casi otro mundo, se me han desplomado delante de la nariz. O … escenarios pasados, que creíamos que nunca volveríamos a vivir.

Por ejemplo:

La guerra.


Estamos utilizando continuamente la imagen de la guerra: “no habíamos vivido algo parecido desde la guerra”. Tal vez por eso hemos arrasado en los supermercados, a pesar de que se nos repetía que no habría problemas de abastecimiento. Por eso estamos haciendo pan en casa. La carencia de pan en nuestra guerra fue un elemento muy importante.


“Desde la Segunda Guerra, no habíamos tenido la crisis económica que nos va a tocar pasar”. Estamos en una guerra sí, tenemos un enemigo que nos está matando, necesitamos el “más madera” de los hermanos Marx, todos los recursos.


Pero este enemigo no es humano. Esa diferencia es fundamental para ver cómo impacta emocionalmente en nosotros como colectividad. En las guerras entre hombres, perdemos la confianza en el ser humano, capaz de esas atrocidades. En esta guerra estamos sintiendo crecer nuestra solidaridad y apoyo. No hay cosa que más una que un enemigo común. Eso imaginaba yo para hacemos sentir unidos: una invasión marciana. Eso ya aboca al punto siguiente.

Invasión alienígena.


La hemos fantaseado en mil películas. Los extraterrestres que vienen de fuera. Incluso traen una enfermedad desconocida que acaba con nosotros. No queríamos ver que somos igualitos que los anfibios de nuestro planeta, de los cuales un hongo ha borrado para siempre del planeta a noventa especies, noventa. Nunca conoceré a la ranita dorada de Costa Rica.


Nosotros, los “homo sapiens” somos una sola especie. Alto precio estamos pagando para que luego no nos quede bien claro que somos uno. Debemos el aprendizaje de esta lección a todos los que se llevó.


Ya van surgiendo “conspiranoias” sobre en coronavirus que lo ubican como producto de ingeniería genética terrestre o extraterrestre. Mal vamos si nos escapamos por ahí.

El mundo después de nosotros.


El mundo después de nosotros, después de la catástrofe nuclear. La inolvidable imagen de Will Smith deambulando solo con su perro por Nueva York desierta tras la catástrofe. Si, a él también le dejaban pasear al perro. En esta fantasía de futuro, reproducida de mil formas, solo quedan unos pocos supervivientes que luchan por los recursos, entre brutales diferencias sociales.

Nos avecinamos a una crisis económica mundial. Estamos viviendo que somos uno como especie y estamos desarrollando un mayor sentimiento de identidad común, de cohesión como grupo humano. Vamos a tener una crisis económica. ¿Cómo mezclarán los dos componentes en el escenario futuro?

En nuestras manos está.

Goyo Armañanzas Ros, homo sapiens. Psiquiatra.

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