Suicidios: Hombres y Mujeres

Hace una semana leo en un periódico: 3.941 suicidios en nuestro país en 2020. Miro el gráfico y me sacude en la cara: 2.930 suicidios masculinos, frente a 1.011 femeninos. Tres de cada cuatro son hombres. Reviso el artículo con atención: ninguna alusión a esa diferencia.

El gráfico remonta hasta el 2.000. En ese año fueron 3.393. De ellos, 2.574 fueron hombres, frente a 819 mujeres. Hace veinte años la proporción era incluso ligeramente mayor en hombres del "tres a una”.
Voy rumiándolo durante toda la semana, esperando encontrar alguna referencia a esa brutal diferencia. Me sorprende tanto que cada vez que aludo a ello, temo invertir la proporción. Me hace darme cuenta de que me está faltando escuchar y hablar acerca del sufrimiento masculino.

Lo comento con una compañera psicóloga: "si, la mayor impulsividad masculina". Evidentemente, la expresión de la agresividad masculina y femenina son diferentes. La masculina es más física, mientras que la femenina es más psicológica.

Más de un amigo me habla de la soledad masculina. Esto me sacude imágenes de grupos de amigos que se conocen "de toda la vida".
Conociéndose tanto, no saben, o sí, que en realidad no se conocen, que nunca se cuentan lo que les tiene preocupados. "Los niños no lloran". O como decía mi padre: "no llores, aunque tengas las tripas en la mano". Yo no le hice caso.

Comparo con lo que veo e intuyo en los grupos de amigas que se cuentan a media tarde sus cosas, sobre unos cafés. O tras salir de un curso. Ya hace años, un paciente joven me dijo que contaba sus preocupaciones en los encuentros con sus amigos, aunque ellos no hicieran lo mismo. Lo hice entonces y la tertulia se alargó. Me di cuenta de que ser psiquiatra o psicólogo nos podía tentar a quedar atrapados en nuestro rol profesional, de supuesta perfección sin ningún problema. Sin dejar de respetar esa necesidad de que seamos así por parte de algunas personas.

No, no es fácil diferenciar los encuentros vitales de los que se constituyen como una suma de soledades.
Pero la cosa es más complicada cuando digo que se puede pasar de una forma a otra en pocos segundos, con las mismas personas y en el mismo bar. Sobre todo, si todavía no circula mucho alcohol. Si persistes en tu necesidad, te vas a sentir frágil. No lo eres por el hecho de mostrarlo. Todos lo somos.

Las mujeres lo sabéis hacer mejor: os llamáis para contaros. Pero ¿que estoy diciendo? Una amiga me acaba de recordar el suicidio sorprendente de su amiga, de cuyo sufrimiento nadie sabía nada.

Un amigo me dice que los casos de hombres que conoce son por problemas de amores. Temo que no se hable del sufrimiento de los hombres en el amor. Temo más que no sea posible hablar y ser escuchados a un nivel colectivo. Entramos en un tema clave, como es el de la dependencia emocional en el amor.

Un par de amigos me vienen a decir que "nos lo tenemos merecido". Me lleva a pensar acerca de la mala autoimagen que podemos tener como género masculino.
Sospecho que el hablar del sufrimiento masculino no está de moda. Llevo tiempo esperando que eso cambie. Por si no llegara verlo, escribo estas líneas.
Al final sí, acabo encontrando una noticia en la prensa acerca del sufrimiento masculino: una crónica de una mujer que ha dado una conferencia en la Universidad de Navarra. Habla de hombres deprimidos porque se les ha arrebatado el rol paterno. Diametralmente opuesto la visión clásica de que no queremos hacernos cargo de los hijos. Estudiemos y compartamos.

La realidad es siempre más compleja que las visiones claras y sencillas que buscamos en los medios para indignarnos o hacer una pacífica digestión. La realidad es mucho más compleja y por ello incómoda. No la podemos abarcar con un blanco o negro. Parece que esa sencillez tranquiliza.
Se habla mucho del sufrimiento femenino y me parece fundamental el hacerlo. ¿Será eso incompatible con hablar del sufrimiento masculino? A lo mejor hay que hablar de los dos para mejorar las cosas.

Goyo Armañanzas. Psiquiatra

Publicado en el Diario de Navarra el día 26/11/2021



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